Apéndice A

La visión del AJP para un sistema alimentario sostenible

Adaptado de la presentación de Elizabeth Henderson en la Conferencia Eco-Farm, y publicado en 2003 como parte del Hacia la justicia social y la equidad económica en los sistemas alimentarios: un llamamiento a favor de estándares de gestión social en la agricultura sostenible y orgánica (también disponible en inglés).

[Nosotros] necesitamos independizarnos de la economía mundial de mercado porque esta economía es en última instancia controlada por intereses que buscan poder o ganancias y que no responden a las necesidades de los pueblos del mundo.

Akwesasne Notes, Llamado básico a la conciencia
[Basic Call to Consciousness]

Consideramos que el actual modelo industrial, neoliberal y globalizado del sistema alimentario le ha fallado a los pequeños agricultores, a los trabajadores agrícolas, a los pueblos indígenas, a las comunidades rurales y al público por igual. En todo el mundo, la agricultura familiar está desapareciendo rápidamente, incapaz de competir con la agroindustria que es apoyada por distintos subsidios directos y ocultos, incluida la abundancia de mano de obra barata. Bajo el capitalismo racial estadounidense, los agricultores de color han sufrido la más despiadada explotación, violencia y pérdida de tierras. Infinidad de políticas gubernamentales e internacionales han tenido el efecto generalizado de rebajar los precios pagados a los agricultores y de subir los precios que las personas pagan por los alimentos. Pese al crecimiento de las poblaciones, la cantidad de comida es todavía adecuada para alimentar a todas las personas en el planeta, pero las inequidades de poder, riqueza y acceso a la tierra están causando que el hambre se propague. La creciente consolidación de la producción alimentaria y el comercio ha conllevado a la devastación ecológica y la desesperación social en las comunidades agrícolas. En el Sur global, los países están perdiendo la seguridad alimentaria basada en la autosuficiencia local y están cayendo en la dependencia de granos importados. El sistema internacional de derechos de propiedad intelectual basado en las patentes y la protección de las variedades de plantas despoja a los agricultores indígenas de la diversidad genética que sus comunidades han creado y compartido libremente por milenios. El modelo occidental no cumple con sus supuestos objetivos originales de promover la innovación y la prosperidad general. Está sesgado para favorecer los intereses de las personas ricas y poderosas y es incapaz estructuralmente de proteger y apoyar la integridad intelectual de innovadores informales. Esta es una receta para desarraigar a la gente de su tierra.

Tan fundamentales como son las temáticas económicas también lo son las implicaciones culturales del actual sistema alimentario industrial, el cual separa a quienes comen de quienes cultivan sus alimentos. En este sistema alienante, la comida se reduce a una mercancía, las variedades de plantas son reducidas a propiedad genética, los agricultores son reducidos a productores, los trabajadores agrícolas a jornaleros asalariados y las personas en las comunidades son reducidas a consumidores, mientras que la agroindustria manipula todos estos elementos para su máximo beneficio. Las comunidades han perdido el contacto con quienes cultivan su comida y con la tierra de donde esta proviene. Puede ser que agricultores y trabajadores agrícolas aún trabajen juntos, pero el modelo actual obliga a los agricultores a ver a sus trabajadores como simplemente uno de los muchos recursos económicos de su granja. Mientras tanto, los agricultores mismos están perdiendo sus derechos a guardar y compartir semillas y a tomar decisiones sobre sus propias granjas.

En contraste, imaginamos un sistema alimentario que comienza con el cuidado de la tierra; que produce comida con respeto por la ecología del campo, la granja, la cuenca de agua, la región y el planeta; que usa tecnología adecuada y no violenta y distribuye los beneficios de esa tecnología de manera justa. Dicho sistema alimentario estaría basado en una agricultura que es “respetuosa con la tierra y el medioambiente, situada armoniosamente en el entorno y que crea trabajos con salarios dignos en todas las empresas ganaderas, agrícolas y hortícolas”.1 

En este sistema alimentario, la sociedad en general valoraría el trabajo agrícola en una proporción directa a la importancia de la comida en la vida de las personas. El agricultor recibiría una parte justa del precio de venta al público de los alimentos, permitiéndole llevar una vida estable y digna. El trabajador agrícola recibiría un salario justo y sería capaz de ofrecerle a su familia una vida digna. Y finalmente, todas las comunidades disfrutarían del derecho universal al acceso a alimentos de alta calidad y culturalmente apropiados y desarrollarían una conexión con quienes trabajan la tierra.

En nuestro futuro sistema alimentario:

  • El acceso a un suministro saludable de comida será considerado un derecho humano básico y nadie sufrirá de desnutrición.

  • Las leyes internacionales garantizarán la soberanía alimentaria, el derecho de cada nación a mantener y desarrollar su propia capacidad de producir alimentos básicos para su población.

  • Si bien los derechos de propiedad intelectual garantizará que los innovadores obtengan beneficios por su trabajo creativo, no habrá patentes para las formas de vida y la biopiratería será ilegal.

  • El conocimiento tradicional y las contribuciones a la biodiversidad de parte de los pueblos indígenas y los agricultores rurales recibirá el respeto que merecen en igualdad de condiciones a la par de la investigación científica institucional.

  • El derecho de los agricultores y horticultores a producir e intercambiar semillas será protegido junto con los derechos colectivos de los pueblos indígenas y sus comunidades locales de mantener el control del germoplasma, las variedades y las semillas locales.

  • Una ética de respeto por la labor del agricultor será promovida.

  • En temas de comercio de alimentos, se garantizarán los derechos de todos los agricultores y trabajadores agrícolas a la negociación colectiva oportuna con todas las partes involucradas en igualdad de condiciones.

  • Los derechos de consumidores y compradores de alimentos al por menor a saber dónde, cómo y quiénes cultivan su comida, y el derecho a elegir alimentos que sean adecuados cultural, étnica y regionalmente serán salvaguardados.

  • Los hijos de las familias agricultoras elegirán felizmente quedarse en las granjas.

  • La comunidades rurales vitales se convertirán en centros culturales distintivos.

  • La economía rural prosperará con muchas oportunidades laborales gratificantes para los habitantes locales: jóvenes y mayores, personas con capacidades y discapacidades físicas.

  • Los agricultores contarán con la tenencia asegurada de su tierra, y a nadie que desee cultivar se le negará el acceso a un área justa y decente de terreno cultivable.

  • Las reparaciones por daños históricos contra los pueblos indígenas, los agricultores de color, Negros y Latines asegurarán que la tierra y los recursos agrícolas sean distribuidos de manera justa entre todos los sectores de la población.

  • El desarrollo económico rural será guiado por una política de maximización de la seguridad alimentaria local, y las importaciones serán usadas con moderación.

  • Habrá una gran variedad de quesos, panes, frutas, carnes, bebidas y otros alimentos especiales, que sean cultural y regionalmente apropiados, que sustituirán a los importados del extranjero, que debilitan la producción local.

  • Las plantas de procesamiento y las cocinas comunitarias e instalaciones de almacenamiento posibilitarán la preservación de los alimentos locales para ser usados todo el año.

  • Los empaques de las comidas serán diseñados para que puedan ser reciclados, reutilizados, compostados o ingeridos.

  • Todos los metales pesados y otros contaminantes serán separados cuidadosamente de los desperdicios orgánicos para que puedan ser compostados de forma eficiente y regresados al suelo.

  • Las propuestas para alimentos procesados nuevos serán evaluadas según su contribución a las necesidades nutricionales y la autosuficiencia local.

  • Las tiendas, escuelas y otras instituciones tendrán la política de comprar primero los alimentos producidos localmente.

Reemplazaremos los subsidios actuales y mecanismos de precios con un sistema de contabilidad de costos completos, la paridad en los precios y la gestión de oferta que ofrezca incentivos por la reducción en el uso de energía y que penalice la contaminación o el agotamiento del aire, el agua y la tierra en la producción y distribución de alimentos. El comercio agrícola estará basado en los ingresos crecientes, tanto de los productores como los de consumidores con bajos ingresos, maximizando primero el consumo local y las capacidades de producción; y solo involucrará el comercio cuando haya excedentes o la necesidad de productos que no puedan ser cultivados a nivel local. Las condiciones de comercio no perjudicarán a los agricultores o a las comunidades rurales de los países importadores. El comercio también tendrá como base las evaluaciones energéticas de las “millas alimentarias”. El principio de “quien contamina paga” será promulgado, y todos los efectos dañinos de las tecnologías nuevas o existentes serán responsabilidad única del titular de la patente o del beneficiario/dueño principal.

Habrá una ética subyacente de amor y respeto por la naturaleza que significará respeto por todas las necesidades específicas de cada raza de ganado. Los animales disfrutarán las cinco libertades: libertad para estirar sus extremidades; libertad para acicalarse; libertad para voltearse; libertad para acceder a ventilación, espacio exterior y pastura, luz, comida y agua adecuados; y libertad para acceder a compañía de su especie.

Un compromiso con la justicia social y la responsabilidad social y ecológica caracterizará este sistema alimentario. Las decisiones agrícolas serán tomadas con conocimiento y reconocimiento de las limitaciones de los sistemas ecológicos de la granja y el valor de los servicios proporcionados por los ciclos naturales. Las decisiones reflejarán la dedicación por reciclar, conservar energía, mantener la diversidad genética y mejorar la calidad del aire, el agua y el suelo. Las decisiones plasmarán un compromiso con el lugar: la granja como parte integral del vecindario y el entorno. Las metas agrícolas respetarán la necesidades de las familias agricultoras y los valores y aspiraciones personales. Abordarán la comunidad, el medioambiente, la educación y la calidad de vida así como las ganancias. Este nuevo sistema agrícola estará comprometido con la regeneración de las comunidades rurales y agricultoras y reconocerá que la agricultura es una forma de vida, no simplemente un medio para subsistir.

Y, en lugar del aislamiento causado por nuestro actual sistema alimentario, imaginamos una relación íntima con nuestra comida y la tierra donde es cultivada, un sentido de reverencia por la vida, un espíritu de cooperación y justicia, una apreciación por la belleza del paisaje cultivado y una humildad adecuada sobre el lugar de los seres humanos en el esquema de la naturaleza.


  1. De la definición de agricultura campesina de José Bové. ↩︎

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