Capítulo 6

Agricultura

Nuestros movimientos deben formar coaliciones más amplias para acabar con la mercantilización de los alimentos y la tierra. Para lograr un futuro digno, debemos sustituir la agricultura químico-industrial por la agroecología. Para ello, tendremos que resistir y socavar el poder de las grandes corporaciones tanto sobre los productores como sobre la sociedad en general. Dado que estas tareas son esencialmente políticas —y no simplemente técnicas—, los agricultores deben movilizar coaliciones mucho más amplias, mucho más politizadas y capaces de alcanzar el éxito.

Aerial view of a large chemical processing plant on a large plain with long trains on tracks, looking off to the horizon.

Planta química industrial en Minnesota dedicada a la producción de etanol a partir del maíz.

Desde principios de los años 80, los agricultores han tenido dificultades para ganarse la vida dignamente… A menos que podamos cambiar eso, la agricultura va a ser uno de esos oficios que, a menos que a uno realmente le apasione, no va a dedicarse a ella. A menos que pueda comprar tierras, no va a dedicarse a ella. A menos que le guste que sea más un negocio que una explotación familiar y pueda contar con una fuente constante de insumos baratos y mano de obra de bajo costo, probablemente no va a dedicarse a ella. Eso parece ser lo normal hoy en día…

Jim Goodman, Family Farm Defenders
[Defensores de Granjas Familiares]

Luchar por la agroecología para lograr un futuro digno#

La visión a largo plazo de la agricultura de EE. UU. es una de dominación corporativa cosechando súper ganancias; solo que ahora los gigantes de los negocios agrícolas se han vuelto más grandes y más organizados, concentrando el control de nuestros sistemas alimentarios en las manos de un pequeño grupo de actores multinacionales. Esto causa una gama de problemas, según lo describen GRAIN y ETC Group:

La concentración le da más poder a las corporaciones [de negocio agrícola] para fijar precios y hacer cabildeo entre los encargados de legislar. Pueden usar este poder para entorpecer la investigación científica, frenar leyes que protejan la salud humana y el ambiente y debilitar la participación democrática en la definición de los sistemas alimentarios. La concentración aumenta su poder para impedir alternativas y asegurar la expansión de un modelo de agricultura que es inmensamente rentable para las corporaciones, a la vez que tremendamente destructivo para las personas y el planeta. El sistema alimentario industrial es responsable de un tercio de las emisiones de gases de invernadero y es la principal fuente de contaminación del suelo y del agua y de la pérdida de biodiversidad. Destruye los sistemas alimentarios y las economías locales, expulsa de sus territorios a las comunidades campesinas e indígenas, forzándolas a migrar lejos de sus hogares. Es además un sistema que se construye en base a la grave explotación de trabajadoras y trabajadores. Se necesita urgentemente actuar para derribar el poder monopólico de estas corporaciones y devolverlo a quienes producen y procesan los alimentos del mundo y quienes los consumen.1

Esta consolidación corporativa también se extiende a la distribución y venta minorista, incluidos los alimentos naturales, de manera que los agricultores, trabajadores, y comensales sean exprimidos por todos lados.2

La consolidación entre la agroindustria y el mercadeo ha acompañado la consolidación en la producción, también. En la década de los 80, Frederick Buttel y Pierre LaRamee nos advirtieron acerca del declive rápido de los productores de tamaño mediano de “granjas familiares”, aquellos para quienes “el hogar posee la mayor parte de los activos, aporta la mayor parte de la mano de obra y obtiene la mayor parte de su sustento de la agricultura”, y que suelen vender al por mayor.3 Ese proceso de desmantelamiento ha continuado sin cesar, lo que ha dado lugar a la consolidación y la intensificación de la producción en un pequeño número de las explotaciones agrícolas más grandes, junto con una proliferación de pequeños productores que, a menudo, venden directamente en los mercados locales.4 Para 2021, solo el 5% de las granjas eran responsables del 63% del valor de la producción.5

Aerial photograph of a tractor with a large spray boom driving through a large field of cotton.

Un agricultor rocía herbicida defoliante sobre un cultivo de algodón en Texas.

El panorama de las grandes explotaciones agrícolas es deliberadamente opaco y difícil de rastrear: muchos productores no son propietarios de las tierras o el equipo que utilizan, o del ganado que crían. Los productores de frutas y hortalizas no suelen contratar a los trabajadores directamente, sino que prefieren recurrir a contratistas de mano de obra. Especialmente en California y en otras regiones principales de producción industrial, los productores más exitosos que son propietarios de sus tierras, han dejado la producción para convertirse en empacadores y transportadores, arrendadores, y así sucesivamente. La gran industria agrícola se parece cada vez más a un juego de caparazones, lo que no solo facilita la obtención de ganancias a costa de los productores, sino que también permite negar de forma creíble los abusos en la cadena de suministro cuando estos, inevitablemente, salen a la luz. Las grandes empresas productoras y transportistas han ido trasladando cada vez más su producción a México y otros lugares del sur, lo que ha provocado un rápido aumento de las importaciones y una caída de los precios para los agricultores, al tiempo que perjudica a los trabajadores a ambos lados de la frontera.6 Mientras tanto, las guerras comerciales coercitivas de Trump han creado graves problemas para los productores de materias primas, que dependen en gran medida de las exportaciones.

Otros intereses corporativos también han volcado su atención a la agricultura como una maquinaria de obtener ganancias. El colapso financiero de 2008 envió a los grandes inversionistas como los bancos, fondos de cobertura, las dotaciones universitarias, los fondos de pensiones y los fondos soberanos a lanzarse a una carrera mundial por acaparar tierras agrícolas como inversión segura en un activo escaso, lo que suele provocar el desplazamiento de los agricultores en el proceso.7 Solo en los EE. UU., aproximadamente el 40% de las tierras agrícolas son ahora propiedad de inversionistas que no son agricultores, con tasas significativamente más altas en áreas claves como California.8 Los precios de las tierras a nivel global se han duplicado en 15 años.9 Más recientemente los sectores de tecnología, finanzas, y agroindustria se han asociado para los esquemas abusivos de la “agricultura de precisión” y “agricultura de carbono”.10 El sector tecnológico, en particular, sigue promocionando con gran entusiasmo sus quimeras de revolucionar la agricultura (y quedarse con las ganancias), a través de iniciativas como la producción y la cosecha automatizadas; la denominada “agricultura vertical”, o invernaderos a modo de rascacielos; y los huertos “impresos en 3D”.11 Las colaboraciones entre el sector agroindustrial y el sector tecnológico amenazan con arrancar cada vez más ganancias de nuestra tierra y nuestras comunidades.12

People march in a circle in a park with drums, protest signs, and flags, including one that says, WTO kills farmers (in English), with other words in Korean.

Agricultores coreanos protestan contra la OMC en Hong Kong en 2005. Crédito: K. C. Tang, CC-BY-SA 3.0.

En su reciente informe estratégico, Un movimiento de largo plazo por la alimentación, el Grupo ETC e IPES-Food contrastan esta trayectoria de los “agronegocios como siempre” con vías alternativas hacia sistemas alimentarios agroecológicos, controlados por pequeños productores, trabajadores y comunidades, y fortalecidos por movimientos de base.13 Contrariamente a lo que afirma la industria agroalimentaria, la agroecología no es una fantasía: a pesar del peso político y económico que respalda a la industria agroalimentaria, los campesinos y los pequeños agricultores siguen produciendo la gran mayoría de los alimentos del mundo, con estimaciones que llegan hasta el 70% de todos los alimentos que se consumen.14 A pesar de la represión de la investigación sobre agroecología y pequeños agricultores, la investigación impulsada por las comunidades ha logrado grandes avances al demostrar la eficacia y la resiliencia de las prácticas agroecológicas, difundir innovaciones y mejores prácticas de base, y desmontar los argumentos de mercadeo de la agroindustria.15 Lo que nos falta, sin embargo, es un control democrático sobre el sistema alimentario; ahí es donde la agroindustria tiene su mayor influencia, y utiliza su poder político para remodelar los sistemas alimentarios en su propio beneficio.

  • Agroecología

    La agroecología es una forma de vida y el lenguaje de la Naturaleza que aprendemos como hijos suyos. No es un mero conjunto de tecnologías o prácticas de producción. Leer más

Sin embargo, los pequeños agricultores y los campesinos han demostrado su fuerza, formando parte integral del movimiento por la justicia global y contribuyendo a que los acuerdos comerciales favorables a las grandes empresas se conviertan en un tema políticamente tóxico, como ocurrió en 2016, cuando Hillary Clinton se vio obligada a distanciarse del apoyo de Obama al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). Esas luchas contribuyeron a romper el dominio neoliberal sobre las políticas, pero los oportunistas autoritarios no tardaron en aprovechar la situación. Donald Trump y otros se apropiaron y tergiversaron las críticas de nuestros movimientos para su propio beneficio, utilizando una retórica antiglobalización similar, pero “invertida para justificar una mayor explotación laboral en lugar de una menor, y un mayor poder corporativo en lugar de uno menor”.16 Esta inversión —sumada a las intimidaciones de Trump— ayuda a explicar por qué las mismas empresas multinacionales que antes impulsaban los acuerdos de libre comercio ahora se ganan el favor de un ‘guerrero comercial’ convencido.

En este contexto, los autores de Un movimiento de largo plazo nos instan a centrarnos en las palancas de poder, diversificar nuestras tácticas, comprometernos con una lucha a largo plazo y colaborar a través de diferentes escalas, sectores y luchas. En este último punto, debemos reafirmar la visión de nuestros movimientos en favor de la justicia global, junto a nuestros aliados de La Vía Campesina y el Foro Global Nyéléni, luchando contra el agronegocio tanto en nuestros países como en el extranjero y forjando la unidad entre los pueblos de la tierra.17

Para hacer frente a la agroindustria se necesitan estrategias ambiciosas#

En luchas recientes en contra de la agroindustria, un campo importante de la lucha ha sido la acción antimonopolio. Con Lina Khan al frente, la Comisión Federal de Comercio de Biden adoptó un enfoque activista para frenar el poder corporativo, lo que recientemente llevó a frustrar la fusión propuesta entre los gigantes de la distribución alimentaria Albertsons y Kroger en 2024.18 Sin embargo, nuestros movimientos necesitan más claridad en cuanto a la agenda antimonopolio, y no solo porque es poco probable que dicha agenda avance bajo la administración Trump: las medidas antimonopolio tendrán beneficios limitados por sí solas y deben vincularse a otras estrategias y objetivos del movimiento.19

Chart shows prices for different commodities (corn, wheat, hogs, cotton) well below parity in 1932 and 1933.

La Asociación Agrícola de Illinois aboga por la “paridad” en 1934.

Algunos agricultores reclaman una versión moderna de la política de paridad, el programa de medidas de la época del Nuevo Trato que cubría los costos de producción de los agricultores y garantizaba precios estables. Bajo el régimen de paridad, los precios mínimos funcionaban como un salario mínimo para los productores agrícolas.20 Al mismo tiempo, la gestión de suministros redujo el exceso de producción, y las reservas de granos controladas por los agricultores protegieron tanto a los productores como a los consumidores de las fluctuaciones en los precios. Bajo la paridad, se les requería a los compradores mayoristas pagar precios justos a los agricultores, lo cual salvó a muchas granjas de la ejecución hipotecaria; bajo el régimen de subsidio actual que reemplazó la paridad, esa carga cambió hacia el gobierno; ayudas al sector agroindustrial, en otras palabras, en forma de pagos a los mayores productores. Un nuevo régimen de políticas que previene la especulación en los precios de la comida, ofrece salarios mínimos a los agricultores, y recortes a los beneficios del gobierno a la agroindustria es muy probable que tenga un atractivo amplio en la crisis actual de asequibilidad.21

Otra contraparte natural al antimonopolio, una que rara vez se discute, es la reforma agraria.22 Un programa como ese podría ayudar a avanzar tanto la justicia racial como la económica al redistribuir las enormes extensiones de tierras agrícolas adquiridas por inversionistas, lo que podría revertir la pérdida de tierras por parte de la población negra y servir de base para un enfoque de la agricultura mucho más orientado a los bienes públicos, algo que será necesario para impulsar la agroecología. La reforma agraria podría poner fin al elevado costo de la tierra, lo que contribuye a impulsar la industrialización de la agricultura y mantiene vigentes los modelos de producción explotadores (véase la siguiente sección).

También debemos conseguir inversiones públicas significativas para impulsar el crecimiento de la economía cooperativa a nivel local y regional, creando comunidades agrícolas cooperativas y empresas relacionadas con la tierra. Las cooperativas variadas constituyeron una parte fundamental de la estrategia de desarrollo del Nuevo Trato, y merece la pena volver a examinar los programas más ambiciosos de entre ellos, como los asentamientos agrícolas de propiedad y de gestión cooperativa.23

Una cosa que todas estas estrategias tienen en común es que, de diversas maneras, todas han formado parte de iniciativas anteriores para reconstruir la sociedad estadounidense, entre ellas la Primera Reconstrucción y el Nuevo Trato. (A diferencia del Nuevo Trato, debemos asegurarnos de que esas políticas promuevan deliberadamente la justicia racial).24 Estas estrategias deberían volver a formar parte de una amplia plataforma socialdemócrata que conecte las necesidades de la población agricultora con las visiones de varios movimientos: desde los defensores de la tierra y los activistas por la justicia climática que trabajan a favor de la agroecología, hasta los movimientos por la justicia racial que reclaman reparaciones de muchas formas, pasando por los movimientos de inquilinos que exigen la vivienda como un derecho humano, y las reivindicaciones del movimiento obrero de “los trabajadores y las comunidades por encima de los multimillonarios”.

Más allá de lo “alternativo”: sustituir la agricultura química#

La agricultura orgánica ha crecido significativamente desde la fundación del AJP, pero sigue siendo marginal a la agricultura de EE. UU. en sentido general. Por un lado, las ventas de EE. UU. de productos con certificación orgánica alcanzaron un nuevo récord de 71.6 mil millones en 2024, con una tasa de crecimiento año tras año de 5.2%.25 Sin embargo, la conversión efectiva de tierras agrícolas de uso químico-industrial a la producción orgánica certificada apenas ha aumentado en muchos años, y la superficie certificada como orgánica incluso se ha reducido en algunos años.26 La cantidad de acres dedicada a la agricultura orgánica se ha estancado en menos del 1% del total de las tierras agrícolas de EE. UU.; y las ventas reales de productos agrícolas orgánicos ascendieron a solo 11 mil millones de dólares en 2021, lo que representa una pequeña parte de las ventas totales de productos orgánicos (que incluyen alimentos procesados y preparados).27 Los mercados locales, un importante canal de comercialización para los productores orgánicos, llevan mucho tiempo muy saturados, lo que ofrece pocas oportunidades para que surjan nuevas iniciativas o para que las ya existentes se expandan. La Agricultura Apoyada por la Comunidad (CSA, por sus siglas en inglés) sigue siendo una estrategia prometedora para impulsar el movimiento y desarrollar una reciprocidad genuina entre los agricultores y los clientes; sin embargo, el crecimiento de la CSA se ha estancado en gran medida. Ya en 2014, estos diversos indicios llevaron a Julie Guthman a observar que los alimentos orgánicos y naturales habían alcanzado la categoría de “alternativos” en los Estados Unidos y ya no representaban una amenaza para la agricultura convencional como industria.28

Nuestro objetivo como movimiento debe ser sustituir el sistema agrícola convencional por la agroecología, y no limitarnos a complementarlo. La industria orgánica, por el contrario, tal vez no le dé mucha importancia; al fin y al cabo, muchos grandes productores orgánicos tienen explotaciones mixtas, en las que una parte de sus tierras se cultiva de forma convencional y otra parte cuenta con certificación orgánica. Si queremos que la agroecología se convierta en el paradigma dominante y establecer una relación adecuada con la tierra, las personas y toda forma de vida, debemos abordar los factores estructurales que impulsan la industrialización de la agricultura.

Esos factores estructurales seguramente le resultarán conocidos: los mercados híper-competitivos han dado lugar a altos costos y bajos precios para los agricultores, lo que limita su capacidad para cambiar de métodos. Como explica Julie Guthman:

Los valores de la tierra… reflejan las etapas anteriores de intensificación y revalorización [es decir, la fijación de precios]. Como los valores se basan en la rentabilidad del pasado, todos los productores se ven sometidos a una lógica que exige una rotación más rápida de los cultivos, un manejo cuidadoso de las plagas y un cultivo continuo de productos comerciales, por mencionar algunos ejemplos. Esta es la razón principal por la que los modelos agroecológicos de producción agrícola no han cambiado radicalmente en la producción orgánica. El hecho de que los productores se vean tan presionados también contribuye a que se den por sentadas las relaciones laborales existentes, que cada vez más se convierten en el punto de inflexión de la agricultura orgánica. Incluso los productores con mejores intenciones tienen dificultades para reconfigurar radicalmente el trabajo agrícola… Aunque quienes cuentan con operaciones de comercialización directa muy diversificadas e intensivas pueden disponer de cierto margen económico para ofrecer una remuneración mejor y más estable, siguen viéndose limitados por los pagos relacionados con la tierra (ya sea en forma de hipoteca o de alquiler)… En resumen, los pagos por tierras refuerzan de hecho los patrones de producción agrícola ya existentes. Por esta razón, además de por costumbre y por comodidad, los productores orgánicos tienden a imitar muchos aspectos de la producción convencional.29

Los agricultores orgánicos están sujetos a la misma presión que todos los productores, así que no es sorprendente que, a medida que la industria orgánica ha crecido, el precio premium prácticamente ha desaparecido para los productores (aunque no ha sido así para los consumidores). La agroecología es una visión y un sistema para conservar el valor a nivel comunitario y del suelo, pero pone en peligro los beneficios que la agroindustria desvía hacia la clase inversionista. Por eso son necesarias las intervenciones en el mercado que limiten el poder de las grandes empresas agrícolas y los inversionistas —como la paridad, las leyes antimonopolio, la reforma agraria y las leyes laborales justas— para que la agroecología pueda competir con la agricultura industrial. Por lo tanto, el éxito de la agroecología es una cuestión de poder político, y no solo de métodos de producción o mercadeo.

Large crowd of protesters sitting in a plaza with matching red shirts, hats, and flags.

Dieciocho mil miembros del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil se concentran al término de su congreso de 2007. Crédito: Agência Brasil, CC-BY Brazil 3.0.

Crear una coalición política para lograr la agroecología#

Así que seguimos perdiendo aproximadamente una granja lechera al día, lo cual me parece bastante, teniendo en cuenta que, como dije, ya no quedan tantas granjas. Por eso, la idea de que la crisis ha terminado es errónea. La crisis sigue vigente y los suicidios entre los granjeros siguen siendo elevados. La persecución de los trabajadores agrícolas va en aumento… La crisis sigue vigente, tal vez incluso se esté agravando. ¿Cómo podemos revertir esto? Tenemos que formar alianzas con gente que quizás no se dediquen a la agricultura, pero que vean que están pasando cosas similares, ya sea en el sector manufacturero, en la enseñanza o en el cuidado médico.

Jim Goodman, Family Farm Defenders
[Defensores de Granjas Familiares]

En cualquier teoría del cambio, su estrategia debe ser capaz de generar el poder necesario para alcanzar sus objetivos (véase la sección “Organización” del próximo capítulo). En la actualidad, nuestros movimientos carecen del poder necesario para lograr el tipo de agricultura que nuestra gente y nuestro planeta tanto necesitan. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la situación política y los innumerables daños que sufre nuestro pueblo confieren un carácter urgente a la cuestión de la estrategia y la construcción de poder. Entonces, ¿cuáles son las posibilidades para fortalecer nuestro poder, como movimientos que luchan por la agroecología y la justicia en la tierra? Para responder a esa pregunta, debemos plantearnos quiénes son todos nuestros posibles colaboradores; y, entre ellos, ¿con quiénes necesitamos trabajar para ganar?

Uno de los grupos de interés es el movimiento orgánico. La base popular del movimiento orgánico está compuesta principalmente por organizaciones sin fines de lucro de carácter regional que agrupan a agricultores y aspirantes a agricultores, aficionados, defensores, activistas y miembros de la comunidad. En nuestra labor orientada al sector agrícola, el AJP ha mantenido un diálogo y una colaboración muy estrechos con estas organizaciones. Al igual que el AJP, ellas han tenido que esforzarse de diversas maneras por adaptarse a los tiempos cambiantes y a los vaivenes de la suerte; más recientemente, con el giro repentino que supuso la aprobación del financiamiento climático sin precedentes de Biden a los profundos recortes de Trump. Estas organizaciones trabajan constantemente para apoyar las actividades de promoción de políticas y cabildeo de sus miembros, especialmente en torno a la Ley Agrícola; y algunas han adoptado el lenguaje y los métodos propios del trabajo organizativo, incluido mediante la contratación de un número limitado de personal dedicado a la organización.30

Las cuestiones relacionadas con el poder y el análisis político no son ajenas a estos espacios de movimientos orgánicos, pero a menudo quedan relegadas por el énfasis en el espíritu emprendedor, los conocimientos técnicos de la producción y el estilo de vida, todos ellos aspectos importantes para construir un movimiento que parta de donde estamos, pero por sí solos estos enfoques son incapaces de consolidar un movimiento. En estos grupos existe una gran necesidad de más educación política, diversidad racial y conexión con los movimientos sociales. Algunos grupos han logrado avances en estos ámbitos en respuesta a las críticas relacionadas con la justicia racial, las condiciones laborales justas, las diferencias de clase y otros temas.

Hay muchos otros grupos, más allá de estas organizaciones tradicionales del movimiento orgánico, que defienden la causa de la agroecología de diversas maneras. Uno de ellos es el amplio y diverso panorama de las organizaciones comunitarias de alimentación y agricultura, la mayoría de las cuales se concentran en una sola comunidad o ciudad, realizando la labor necesaria y adaptada al lugar para construir comunidad y establecer un vínculo con la tierra. Entre estas organizaciones, las que son lideradas por personas negras, indígenas y otras personas de color le han dado prioridad especialmente a la equidad y a la justica, desde una amplia gama de puntos de partida ideológicos, ofreciendo mezclas diferentes de ayuda mutua, conocimiento agroecológico, desarrollo empresarial, educación política, y trabajo organizativo cultural. Algunos de estos esfuerzos están integrados en las organizaciones comunitarias a nivel más amplio, incluidas iglesias y comunidades de fe u organizaciones comunitarias para inmigrantes. Muchas organizaciones de trabajadores agrícolas (y organizaciones con miembros que son trabajadores agrícolas) también son defensores y profesionales de la agroecología, lo que aborda la necesidad doble de alimentos saludables y de trabajo que esté libre de químicos tóxicos.

Muchos de estos grupos comunitarios se superponen con otro grupo importante de aliados: el movimiento de soberanía alimentaria estadounidense, alineado con el movimiento campesino internacional La Via Campesina, el Foro Global Nyéléni, y el movimiento de justicia global. Comparado con el movimiento orgánico, la agroecología y el movimiento de soberanía alimentaria es mucho más explícitamente internacionalista y anticapitalista.

Otro grupo de partes interesadas es el de los agricultores familiares, tal como se autodenominan, que cuenta con todo un ecosistema adicional de organizaciones que, en ocasiones, discurre en paralelo al del ecosistema del movimiento orgánico y, en otras, se cruza con él. Algunas de estas organizaciones tienen sus raíces en las luchas campesinas de la Época populista. Aquí también algunos grupos se han sumado al movimiento por la soberanía alimentaria.31

Si miramos más allá, existe un amplio panorama de aliados del movimiento: los trabajadores del sector alimentario y el movimiento sindical; la economía solidaria y la economía cooperativa (véase más abajo); los movimientos sociales por la justicia racial, la justicia climática, la justicia para los inmigrantes, la justicia de género y la soberanía indígena; y una variedad de grupos políticos progresistas. Por supuesto, también está el público en general, muchos de cuyos integrantes no están politizados ni tienen un vínculo con el origen de sus alimentos.

Todas las personas mencionadas aquí se beneficiarían de un cambio a nivel social hacia la agroecología y la soberanía alimentaria, sobre todo porque estos objetivos son fundamentales para garantizar un planeta saludable y un futuro habitable. El diablo está en los detalles, por supuesto. Todas las personas enumeradas aquí se pueden beneficiar de un cambio a nivel de la sociedad completa hacia la agroecología y la soberanía alimentaria, no menos porque estos objetivos son centrales para asegurar un planeta saludable y un futuro habitable. Como movimientos ya comprometidos con la agroecología, nuestra tarea consiste en crear un centro de gravedad político que atraiga a la gente hacia un esfuerzo colectivo para lograr una nueva agricultura. En cierto sentido, se trata de un proyecto ideológico que se enfrenta a la competencia de fuerzas regresivas como el llamado “movimiento MAHA” de Robert F. Kennedy, Jr., el cual mezcla algunas preocupaciones legítimas sobre los agroquímicos y los productos farmacéuticos en un peligroso guiso de teorías de conspiración, pseudociencia, tópicos eco-fascistas y ataques contra las mismas agencias que serán esenciales para controlar a las corporaciones alimentarias, químicas y médicas.32 Nuestros movimientos deben ofrecer a la gente un análisis claro de los daños que causa la agricultura industrial, basado en los movimientos sociales, la política liberadora y una visión de un futuro justo.

Pero nuestra tarea principal es, ante todo, la de forjar alianzas. Cada una de nuestras organizaciones tiene sus puntos fuertes y débiles, pero ninguna de ellas, ni ninguna de nuestras alianzas actuales, es capaz por sí sola de crear las condiciones necesarias para que la agroecología sustituya a la agricultura química en un futuro próximo. Necesitamos más fuerza, lo que significa más gente, más dedicación y compromiso, y más coordinación. Debemos preguntarnos: Teniendo en cuenta quiénes somos ya, ¿con quiénes debemos aliarnos para alcanzar nuestros objetivos más ambiciosos? ¿Qué debemos hacer para formar una coalición eficaz y sólida con ellos? Abordamos estas cuestiones en profundidad en el siguiente capítulo, pero no hay duda de que los movimientos de agricultores y de la tierra en los Estados Unidos se encuentran en un momento de mínimo histórico en cuanto a su influencia. Nuestra postura nos obliga a vincular nuestras luchas con las de movimientos sociales más amplios, para garantizar que las luchas generales por la justicia beneficien a los agricultores, pero también para asegurar que las luchas de los agricultores beneficien a todos los demás.


  1. ETC Group y GRAIN, “Los diez gigantes de los agronegocios: la concentración corporativa en la alimentación y en la agricultura” ↩︎

  2. Según algunos estimados, los principales 4 comerciantes minoristas de alimentos en los EE. UU. constituyen casi el 70% de las ventas de alimentos. UNFI tiene un monopolio virtual sobre la distribución en el mercado mucho más pequeño de los alimentos naturales. Jennifer Clapp, “How a Few Giant Companies Came to Dominate Global Food” [Cómo unas pocas compañías gigantes lograron dominar los alimentos a nivel global]; Food and Water Watch, “The Economic Cost of Food Monopolies: The Grocery Cartels” [El costo económico de los monopolios de alimentos: los carteles de comestibles]; John Marshall, “Supermarket Economics” [La economía de los supermercados]; Hope Shand et al., Barones de la Alimentación 2022: Lucro con las crisis, digitalización y nuevo poder corporativo. ↩︎

  3. Buttel y LaRamee, “The ‘Disappearing Middle’” [La “clase media en desaparición”]. ↩︎

  4. La proliferación de explotaciones agrícolas de pequeña escala demuestra que, a pesar de que las posibilidades de éxito económico son escasas, la gente sigue queriendo dedicarse a la agricultura. ↩︎

  5. USDA ERS, “Small Family Farms Accounted for 86 Percent of U.S. Farms and Generated 17 Percent of the Value of Production in 2023” [Las explotaciones agrícolas familiares pequeñas representaban el 86% de las granjas de Estados Unidos y generaban el 17% del valor de la producción en 2023]. ↩︎

  6. Economic Research Service, “U.S. Agricultural Trade at a Glance” [Panorama general del comercio agrícola de EE. UU.]; Steven Zahniser, “U.S. Fresh Fruit and Vegetable Supplies Continue to Rely on Imports” [El abastecimiento de frutas y verduras frescas en EE. UU. sigue dependiendo de las importaciones]; Christian Zlolniski, Made in Baja: The Lives of Farmworkers and Growers behind Mexico’s Transnational Agricultural Boom [Hecho en Baja: las vidas de los agricultores y productores detrás del auge de la agricultura transnacional de México]. ↩︎

  7. En el Sur Global, muchos de estos acuerdos se han firmado directamente entre inversionistas y gobiernos, privando a las comunidades de su medio de subsistencia. Ver GRAIN, “The New Farm Owners: Corporate Investors and the Control of Overseas Farmland” [Los nuevos propietarios de las granjas: los inversionistas corporativos y el control de tierras agrícolas en el extranjero], en Agriculture and Food in Crisis: Conflict, Resistance, and Renewal [Agricultura y alimentación en crisis: conflicto, resistencia y renovación]; GRAIN, “El acaparamiento global de tierras en el 2016: sigue creciendo y sigue siendo malo”↩︎

  8. La atención de los medios se ha centrado principalmente en los compradores extranjeros de tierras agrícolas estadounidenses, pero los inversionistas con sede en Estados Unidos suponen un problema igual de grave, si no mayor. El mayor terrateniente privado de Estados Unidos en el 2026, un ciudadano estadounidense, posee casi 3 millones de acres de pastizales, seguido de cerca por otros terratenientes principales. Bill Gates es el mayor propietario privado de tierras de cultivo, con 275,000 acres en 2026; “Who Are the Top 100 Landowners in the US?” [¿Quiénes son los 100 propietarios principales de tierras de Estados Unidos?]; Hannah Packman, “Why Farmers Are Worried About Bill Gates (And Other Non-Farming Land-Owners)” [Por qué los agricultores están preocupados por Bill Gates (y otros propietarios de tierras que no se dedican a la agricultura)]; The Land Report, “Bill Gates Land Ownership: How Much Land Does Bill Gates Own?” [La propiedad de tierras de Bill Gates: ¿cuántas tierras posee Bill Gates?]. ↩︎

  9. IPES-Food, Acorralados: ¿Qué factores explican las presiones sin precedentes sobre las tierras agrícolas de todo el mundo y qué se puede hacer para garantizar el acceso equitativo a las mismas? ↩︎

  10. IPES-Food, Con la cabeza en la nube; Francesco Ajena, “Agriculture 3.0 or (Smart) Agroecology?” [¿Agricultura 3.0 o agroecología (inteligente)?]; ETC Group, “Growing Carbon Is Not like Growing Watermelons: The Seductive Trap of Carbon Farming and Digital Tech” [Cultivar carbono no es como cultivar sandías: la seductora trampa de la agricultura de carbono y la tecnología digital]. ↩︎

  11. Julie Guthman, The Problem with Solutions: Why Silicon Valley Can’t Hack the Future of Food [El problema de las soluciones: por qué Silicon Valley no puede jaquear el futuro de la alimentación]. ↩︎

  12. IPES-Food, Con la cabeza en la nube. ↩︎

  13. IPES-Food y ETC Group, Un movimiento de largo plazo por la alimentación: Transformar los sistemas alimentarios para 2045 ↩︎

  14. Cabe destacar que los pequeños agricultores cultivan los alimentos que la gente consume realmente, a diferencia de los cultivos comerciales, que se transforman en productos industriales o en combustible; ETC Group, El campesinado y la agricultura en pequeña escala son quienes siguen alimentado al mundo; ETC Group, ¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina alimentaria o la cadena agroindustrial?↩︎

  15. Peter Rosset y Miguel Altieri, Agroecology: Science and Politics [Agroecología: ciencia y política]. ↩︎

  16. Luciana Ghiotto, “Did Trump Steal Our Agenda? Why Fighting Free Trade Isn’t Enough Anymore” [¿Nos ha robado Trump nuestra agenda? Por qué ya no basta con luchar contra el libre comercio]; Walden Bello, Counterrevolution: The Global Rise of the Far Right [Contrarrevolución: El auge mundial de la extrema derecha]. ↩︎

  17. Ver también Programa de Acción para la Construcción de un Nuevo Orden Económico Internacional. ↩︎

  18. Bryce Covert, “Lina Khan’s Anti-Monopoly Power” [El poder antimonopolio de Lina Khan]; Food and Water Watch, The Economic Cost of Food Monopolies: The Grocery Cartels [El costo económico de los monopolios de alimentos: los carteles de comestibles]; Alina Selyukh, “Albertsons Sues Kroger and Ends Failed Grocery Megamerger” [Albertsons demanda a Kroger y pone fin a la fallida megafusión en el sector de los supermercados]. Ver también John Marshall, “Supermarket Economics” [La economía de los supermercados]. ↩︎

  19. Nathan Rosenberg y Bryce Wilson Stucki, “Don’t Trust the Antitrust Narrative on Farms” [No se confíe de la narrativa antimonopolio sobre las granjas]. ↩︎

  20. Ver el trabajo del proyecto “De la disparidad a la paridad”; Garrett Graddy-Lovelace y Adam Diamond, “From Supply Management to Agricultural Subsidies—and Back Again? The U.S. Farm Bill & Agrarian (in)Viability.” [¿De la gestión de la oferta a las subvenciones agrícolas… y de vuelta otra vez? La Ley Agrícola de EE. UU. y la (in)viabilidad agraria]. ↩︎

  21. Josh Bivens, “Profits and Price Inflation Are Indeed Linked” [Los beneficios y la inflación de los precios están, sin duda, relacionados]. ↩︎

  22. Raj Patel y Bob St. Peter, “This Land Is Our Land?” [¿Es esta tierra nuestra tierra?]; Levi Van Sant, “Land Reform and the Green New Deal” [La reforma agraria y el Nuevo Trato Verde]; Hannah Kass, “Land Reform Is America’s Long Lost Regulatory Frontier” [La reforma agraria es la frontera regulatoria que Estados Unidos lleva tanto tiempo buscando]; Antonio Roman-Alcalá, “Land Reform in the United States: Lost Cause or Simply a Cause That Has Been Lost?” [La reforma agraria en los Estados Unidos: ¿Una causa perdida o simplemente una causa que se ha perdido?] ↩︎

  23. Paul Conkin, Tomorrow a New World: The New Deal Community Program [Mañana, un mundo nuevo: el programa comunitario del Nuevo Trato]; Rexford Tugwell, “The Resettlement Idea” [La idea del reasentamiento]. ↩︎

  24. Ira Katznelson, When Affirmative Action Was White [Cuando la acción afirmativa era blanca]; Grubbs, Cry from the Cotton [Grito del algodón: el sindicato de agricultores arrendatarios sureños y el Nuevo Trato]; Saloutos, The American Farmer and the New Deal [El agricultor estadounidense y el Nuevo Trato]. ↩︎

  25. Sandy Pfaff, “Growth of U.S. Organic Marketplace Accelerated in 2024” [El crecimiento del mercado de productos orgánicos en EE. UU. se aceleró en 2024]. ↩︎

  26. USDA ERS, “Rising Consumer Demand Reshapes Landscape for U.S. Organic Farmers” [El aumento de la demanda de los consumidores transforma el panorama para los agricultores orgánicos de EE. UU.]; Caitlyn Daproza y Patrick Whittle, “Less Farmland Is Going for Organic Crops as Costs and Other Issues Take Root” [Cada vez se dedican menos tierras de cultivo a los cultivos orgánicos a medida que los costos y otros problemas se agravan]. ↩︎

  27. Andrea Carlson et al., U.S. Organic Production, Markets, Consumers, and Policy [Producción, mercados, consumidores y políticas de productos orgánicos en Estados Unidos], 2000-2021. ↩︎

  28. Agrarian Dreams [Sueños agrarios]. ↩︎

  29. Agrarian Dreams [Sueños agrarios], pp. 87-8, énfasis agregado. ↩︎

  30. Basado en los comentarios que hemos recibido, así como por nuestros propios intentos de reorientar nuestros programas, estos esfuerzos por ampliar la orientación de las organizaciones, pasando de una programación y una defensa de causas principalmente educativas al trabajo organizativo, resultarán difíciles. Sin duda estamos de acuerdo, como destacamos en el siguiente capítulo, en que debemos reorientar nuestros movimientos hacia el trabajo organizativo; pero las organizaciones individuales suelen crearse con un propósito concreto por parte de un determinado grupo de personas y son difíciles de cambiar. Nuestros movimientos necesitan nuevas estructuras —o vínculos con estructuras existentes— que estén diseñadas específicamente para el trabajo organizativo. ↩︎

  31. National Family Farm Coalition [La Coalición Nacional de Granjas Familiares], Family Farm Defenders [Defensores de las Granjas Familiares], y otros son miembros de la Alianza por la Soberanía Alimentaria de los Estados Unidos y La Via Campesina. ↩︎

  32. Sobre el ecofascismo como discurso y movimiento: Sasha Lilley y Alexander Menrisky, The Fodder of Eco-Fascism [El alimento del ecofascismo]; Alex Amend, “Blood and Vanishing Topsoil” [La sangre y la desaparición de la capa superior del suelo]; Matt Varco, “The New Blood and Soil” [La nueva sangre y la nueva tierra]. Sobra MAHA: Lisa Held y Rebekah Alvey, “MAHA Report Moves Further Away From Restricting Pesticides” [El informe de la MAHA se aleja aún más de la restricción de los plaguicidas]; Lisa Held, “Can Trump and Robert F. Kennedy, Jr. ‘Make America Healthy Again’?” [¿Podrán Trump y Robert F. Kennedy, Jr. “devolver la salud a Estados Unidos”?]; Lisa Held, “Should Regenerative Farmers Pin Hopes on RFK Jr.’s MAHA?” [¿Deberían los agricultores regenerativos depositar sus esperanzas en la MAHA de RFK Jr.?]; Abby Vesoulis, “Unpacking the MAHA Mirage: Trump Guts Healthcare While Preaching Wellness” [Desmontando el espejismo de MAHA: Trump destruye la sanidad mientras predica el bienestar]; The Lancet, “Robert F Kennedy, Jr.: 1 Year of Failure” [Un año del fracaso]. ↩︎