El AJP fue uno de los miembros fundadores de la Domestic Fair Trade Association (DFTA, o Asociación Nacional de Comercio Justo), una iniciativa para promover la justicia social en el sistema alimentario norteamericano mediante la rendición de cuentas del creciente sector económico de los productos con certificación de comercio justo. Las ventas minoristas de comercio justo crecieron exponencialmente durante la década del 2000 (superando los 1,000 millones de dólares en Estados Unidos y los 2,500 millones de dólares en todo el mundo en 2007), pero ese crecimiento se debió en gran parte a la entrada de corporaciones multinacionales (como Starbucks y Nestlé) en el comercio justo, lo que suscitó críticas por parte del movimiento y preocupación por el mantenimiento de estándares rigurosos y creíbles. Los agricultores y trabajadores agrícolas norteamericanos también querían encontrar formas de beneficiarse del comercio justo, que hasta ese momento se limitaba principalmente a la importación de productos básicos del Sur Global, tales como el café y el chocolate.
La coalición de la DFTA se formó en respuesta a estos acontecimientos. En 2005, se reunió inicialmente un Grupo de Trabajo de Comercio Justo Nacional con representantes de cinco sectores del sistema alimentario:
Los agricultores y las cooperativas y asociaciones de agricultores;
Las organizaciones de trabajadores agrícolas;
Las organizaciones intermediarias de comercio;
Los minoristas y las cooperativas y asociaciones de consumidores; y
Las organizaciones de la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales.
Estas partes interesadas elaboraron de manera colectiva catorce “Principios del comercio justo nacional” basados en los principios de Rochdale para las cooperativas, estableciendo un estándar de oro para la industria del comercio justo.
Agricultura de escala familiar;
Creación de capacidades para productores y trabajadores;
Propiedad y control democráticos y participativos;
Derechos laborales;
Equidad y oportunidad;
Comercio directo;
Precios justos y estables;
Riesgo compartido y crédito asequible;
Relaciones de comercio a largo plazo;
Tecnología apropiada;
Agricultura sostenible;
Derechos de los pueblos indígenas;
Transparencia y responsabilidad; y
Educación y defensoría.
El grupo de trabajo inicial fue formado por dos cooperativas de agricultores (Organic Valley/CROPP y Farmer Direct), Equal Exchange y el AJP; este último pudo abogar de manera exitosa para lograr la inclusión de los trabajadores agrícolas en la iniciativa. Treinta y siete representantes de todo EE. UU. se reunieron entonces para su propia conferencia de comercio justo nacional en 2007, afirmando que el comercio justo nacional debe incluir la igualdad de voz para los trabajadores agrícolas, salarios justos y el derecho a organizarse y a la negociación colectiva.
Con representación formal de cada uno de los cinco sectores mencionados anteriormente, la DFTA se incorporó como una organización sin fines de lucro en el 2008, al mismo tiempo que el AJP estaba desplegando el piloto de sus primeras certificaciones. Una directora ejecutiva de medio tiempo y una Junta Directiva de 11 miembros compuesta de dos representantes de cada sector y un miembro general. La organización obtenía su financiamiento de las cuotas anuales de membresía, que oscilaban entre 200 y 12,500 dólares, en función de los ingresos anuales de cada organización miembro. Las organizaciones que deseaban afiliarse debían completar un extenso proceso de solicitud, en el que los miembros debían demostrar su compromiso con el comercio como mecanismo para la justicia social y la sostenibilidad.
Durante la década de operaciones oficiales, la organización logró reunir una alianza intersectorial, facilitada por su sistema de membresía diversa, para promover los principios del comercio justo a través de la educación, el marketing, la defensoría y los respaldos. Los participantes recordaron con cariño las festivas reuniones anuales; estos eventos también probaron ser un espacio de contención en donde los conflictos y los desacuerdos entre miembros emergieron a la superficie. Además, los encuentros típicamente incluían una expo pública para productores, procesadores y grupos alineados con los principios de comercio justo.
Como parte de su compromiso con mantener altos estándares para el comercio justo, la DFTA estableció un comité de evaluación para desarrollar sus principios fundadores en criterios para juzgar la credibilidad de diferentes certificaciones. Este comité entregó sus evaluaciones en 2013, pero el proceso fue muy controvertido y suscitó la resistencia de las certificaciones de comercio justo establecidas, así como de algunas iniciativas impulsadas por trabajadores agrícolas. Una etiqueta, Fair For Life, sí trabajó con la DFTA para mejorar sus estándares y proceso después de la evaluación. Otras personas pensaron que los catorce principios eran aspiracionales e imposibles de lograr. Algunos argumentaron que estaban siendo comparados injustamente con el programa del AJP, el único que calificó bien en los catorce criterios de evaluación. Al final, varios programas decidieron no cooperar con la evaluación, y algunos terminaron por completo su membresía con la DFTA. La salida de FairTrade USA tuvo lugar en un contexto marcado por su ruptura con FairTrade International y las críticas sobre su disposición para trabajar con plantaciones. Estos desacuerdos presagiaron futuras discusiones (incluidas las que se produjeron durante el posterior intento del Programa de Compra de Alimentos de Calidad de clasificar las certificaciones en diferentes niveles), así como importantes escándalos (tales como la lucha del sindicato independiente de trabajadores agrícolas mexicanos SINDJA contra EFI y FairTrade USA).

Trabajadores agrícolas y comercio justo
En la década de 2010 se formaron dos sindicatos independientes de trabajadores agrícolas, conformados en su mayoría por trabajadores indígenas de Oaxaca. Sus luchas por el reconocimiento de su sindicato sucedieron en paralelo. Leer más
Los participantes con los que habló el AJP en 2025 valoraron la DFTA como un espacio de encuentro: un lugar en donde los trabajadores agrícolas, agricultores, defensores, minoristas y marcas fueron todas reunidas. Múltiples personas expresaron que otras cosas buenas se hicieron posibles como efectos secundarios de las reuniones de la DFTA: relaciones de solidaridad, aprendizaje y apoyo, colaboraciones sobre campañas por los derechos de los inmigrantes, una explotación agrícola cooperativa de propiedad de trabajadores agrícolas y más. Los fundadores de la Alianza de Trabajadores de la Cadena Alimentaria también fueron inspirados por la mentoría que recibieron a través de las conexiones en la DFTA.
Sin embargo, la DFTA no duró lo suficiente para abordar de manera constante los objetivos más amplios de sus fundadores. Un antiguo director ejecutivo del DFTA describió la falta de compromiso de parte de los miembros corporativos:
Las organizaciones y negocios que tenían más poder en el sistema alimentario no enviaban a la mesa a las personas que realmente tenían ese poder. Creo que había un amplio acuerdo de que la DFTA era una buena idea. Pero con los grupos de trabajadores agrícolas, a menudo era el director ejecutivo o el presidente, o quien fuera, el máximo responsable o uno de los máximos responsables, quien se sentaba a la mesa… Con relación a algunos de los miembros más grandes, no solo no era necesariamente la persona que tenía el poder [quien asistía], pero no era necesariamente una persona quien estaba informada y podía tomar decisiones.1
La falta de un compromiso de largo plazo, combinado con las consecuencias de los conflictos de evaluación, dejó al DFTA en un estado precario, debido a que el modelo organizacional del DFTA asumió que las corporaciones con mejores recursos podrían proveer la mayoría de fondos organizacionales a través de las cuotas de sus miembros. Aquellos miembros con mayor compromiso con el proyecto no tenían los recursos para financiarlo por ellos mismos. A medida que las marcas de alimentos naturales dejaron la coalición, solo las organizaciones sin fines de lucro y los grupos de trabajadores agrícolas permanecieron y la base financiera de la coalición colapsó. Los miembros restantes trataron de sostener el grupo de la mejor manera posible, pero esto solo podía durar un tiempo limitado. Para el 2019, la DFTA había cesado efectivamente sus operaciones.
La DFTA era una organización hermana del AJP: las dos organizaciones tenían varios fundadores y miembros líderes en común, y tenían la intención de servir funciones complementarias en lo que sería un ecosistema de comercio justo nacional en auge. Muchas de las relaciones más cercanas y duraderas del AJP estaban entrelazadas con el trabajo de la DFTA. En los años desde el descenso y cierre de la DFTA, el AJP ha tenido dificultades en parte debido a la ausencia de la “parte interesada principal” (en las palabras de Michael Sligh) para lo que estaba destinada la DFTA. Según reflexionaron los entrevistados, en estos momentos no hay un espacio del movimiento como la DFTA, en donde se podían encontrar negocios, productores, trabajadores, organizadores y defensores alineados, todos en el mismo lugar. Por esa razón se le extraña.
Kerstin Lindgren, entrevista. ↩︎