Lograr la justicia en la agricultura requerirá que continuemos la lucha multigeneracional hacia la libertad verdadera.
La revolución negra... está forzando a los Estados Unidos a enfrentarse a todas sus leyes interrelacionadas: el racismo, la pobreza, el militarismo y el materialismo. Expone los males que están arraigados profundamente en la estructura completa de nuestra sociedad. Revela fallas sistémicas en vez de superficiales y sugiere que la reconstrucción radical de la misma sociedad es el problema verdadero que hay que enfrentar.
Las injusticias actuales en la agricultura estadounidense tienen raíces profundas que llegan hasta la violencia fundadora de la colonización y la construcción de la nación. Prestar atención a estas raíces no solo ayuda a aclarar qué se necesitaría para lograr la justicia sobre la tierra; también ancla las luchas actuales de nuestros movimientos dentro del arco más grande de las luchas sobre la tierra y el trabajo. Estas tradiciones del movimiento han sostenido, durante mucho tiempo, que lograr la libertad verdadera requerirá rehacer la sociedad estadounidense con una base radicalmente más igualitaria y que afirme la vida.1
La agricultura siempre ha sido la primera línea en el proyecto de construcción de la nación de los Estados Unidos, y su historia debe ser contada a través de historias en superposición que dieron a luz a diferentes formas de racismo y violencia racial. Una historia es la del asentamiento europeo, que hizo una guerra de genocidio en contra de los pueblos originarios y robó su tierra.2 Una segunda historia es la de la esclavitud como propiedad, la supremacía blanca, y la economía de las plantaciones sureñas.3 Una tercera es la de las políticas migratorias, las fronteras y la búsqueda continua por parte de los empleadores de granjas industriales para tener control sobre sus trabajadores después del fin de la esclavitud.4 A través de todas estas historias corren los hilos paralelos del patriarcado, la misoginia y la opresión de género.

“La industria del norte” y “la industria del sur” antes de la Guerra Civil estadounidense. Fuente: Scribner’s Popular History of the United States, 1896, Wikimedia Commons.
En cada uno de estos casos, los euro-estadounidenses utilizaron la violencia y la explotación para garantizar la tierra y el trabajo de otras personas sin mucho costo, usando ideas sobre la raza y la diferencia para justificar sus acciones. Mientras que la mayoría de las personas que participaron en esta abundancia no mantuvieron sus ganancias y estas mismas personas fueron explotadas a su vez, los hombres blancos tenían ciudadanía, estatus y —al menos a veces— propiedad que les ofrecía ciertas ventajas y un mínimo de seguridad económica.5 Los esfuerzos colectivos de estos grupos desiguales de trabajadores produjeron super ganancias para los capitalistas que fueron invertidas de nuevo una y otra vez en nuevos emprendimientos —la agricultura, la industria, el comercio y el financiamiento— creando un superpoder mundial en el proceso.6 Los distintos giros y vueltas que la historia tomó en el camino, a menudo fueron guiados por la búsqueda sin fin de los emprendedores para encontrar más trabajadores explotables, recursos más baratos y rendimientos más grandes, con poco respeto a los costos humanos o ambientales.7
El otro lado de esa riqueza es un país destruido por “el racismo, la pobreza, el militarismo y el materialismo”.8 Comparado con otras naciones industrializadas, el país más rico del mundo tiene unos de los peores resultados en la salud y expectativas de vida, las tasas más altas de pobreza y las tasas más altas de violencia; estos daños caen de forma más pesada sobre las personas Negras, Indígenas y otras personas de color, así como mujeres y personas queer.9 Estas condiciones no solo son legados del pasado: son activamente sostenidas en el presente por una multitud de leyes e instituciones establecidas para permitir ganancias para unos pocos a costa de muchos.10 Esto incluye un sistema de gobernanza por la minoría que permite que los regímenes supremacistas blancos en los estados sureños bloqueen o debiliten las reformas populares. Incluye algunas de las leyes laborales más débiles entre las naciones industrializadas, leyes que excluyen a los trabajadores agrícolas y de hogar de derechos básicos y, a través de la escapatoria gigante de ‘empleo a voluntad’, obligan a todos los trabajadores a estar conforme a los caprichos y represalias de los empleadores.11 Incluye un estado masivo policial y carcelario que enjaula a más personas que casi cualquier otro país, principalmente a personas pobres y personas de color.12 Incluye un complejo policial fronterizo militarizado y enorme que aterroriza a las comunidades por todo el país, un subsidio inmenso a los empleadores que quieren a sus trabajadores lo más indefensos posible.13 Incluye el poder predominante de las corporaciones a través de muchos dominios: en los mercados laborales que ofrecen salarios de pobreza y trabajo precario; en mercados de productos básicos que exprimen cada gota de valor de productores y hogares pequeños; y en mercados de viviendas y cuidado de salud que extraen necesidades básicas humanas en nombre de las ganancias.

Trabajadores mexicanos del programa Bracero cosechando pimientos en California, 1963. Crédito: Colección fotográfica del periódico Los Angeles Times, UCLA, CC-BY-SA 4.0.
Todas estas instituciones combinan para provocar miseria a personas regulares por toda nuestra sociedad —especialmente las personas de color y de bajos ingresos— y los efectos sobre los agricultores son severos. La agricultura industrial ha despoblado, contaminado y empobrecido a las comunidades agrícolas.14 Ha expulsado a muchos agricultores de la tierra; especialmente a agricultores de color, y ha obligado a los trabajadores migrantes a esconderse y estar en constante movimiento.15 Más de 150 años después del fin de la Guerra Civil, la agricultura industrial efectivamente ha difundido la jerarquía racializada del trabajo agrícola del Sur Antiguo por todo el país, así que hoy en día la mayoría de los propietarios de granjas, administradores y supervisores son blancos, mientras que los jornaleros son en su mayoría personas de color; en gran parte inmigrantes de México, Centroamérica y el Caribe.16 En un sentido, nuestra situación actual representa una victoria para los defensores sureños de la esclavitud, que en el siglo XIX declararon que “la labor de agricultura es la labor más difícil, menos respetada y peor pagada” y predijo que la “sociedad libre” siempre “dependería de la sociedad de esclavitud para su comida y vestimenta”.17 De las plantaciones de algodón de Misisipi, a las granjas de vegetales de California, Florida y México, la agricultura industrial ha logrado que se haya vuelto realidad esta profecía, ya que el trabajo agrícola el día de hoy sigue siendo uno de los empleos más peligrosos, precarios y peor pagados. Nuestro sistema alimentario depende de varias formas de obligación para garantizar que las personas vulnerables lleven a cabo este trabajo esencial.18 Aún así, esta industrialización no solo ha degradado las vidas de los trabajadores agrícolas y agricultores de color: también ha llevado a una competencia despiadada entre los propietarios de las granjas, eliminando la clase media de trabajadores agrícolas cuyas circunstancias una vez fueron relativamente estables, obligando a muchos agricultores a explotarse a ellos mismos y a sus familias, solo para conservar su tierra.19 Nuestra sociedad ha desvalorado la agricultura y la gente que la hace, con resultados terribles.
A pesar de estas condiciones graves, también heredamos tradiciones de luchas incesantes. Durante períodos sostenidos, los trabajadores sindicalizados y los movimientos populares de agricultores han llevado a cabo batallas valientes en contra de la dominación por el capital corporativo. En sus mejores momentos, liderados por su costado izquierdo, actuaron en solidaridad a través de líneas de raza, etnia y género; pero muy frecuentemente la supremacía blanca y el patriarcado debilitaron la visión y el poder de estos grupos.20 Contra tales fallas de solidaridad, los movimientos han propuesto visiones de una libertad radical sin estar basada en el sometimiento de otras personas.21 La lucha de la libertad Negra, en específico, ha “albergado una visión profunda, un sueño de un orden social democrático con acceso ilimitado a derechos políticos, económicos y sociales, sin importar la raza, el género y la clase”.22 Cuando las instituciones opresivas y las respuestas reaccionarias repetidamente han bloqueado las exigencias de las personas negras para tener una dignidad humana básica, el diagnóstico del movimiento de libertad ha sido claro: las fallas de nuestra sociedad son “sistémicas en vez de superficiales”, y la “reconstrucción radical” de nuestras leyes e instituciones es necesaria.23 En las palabras de Manning Marable, “el racismo y la explotación capitalista han sido, y siguen siendo, los subproductos lógicos y consistentes de la economía política estadounidense”, y si queremos resultados diferentes, necesitamos transferir “el poder a aquellos miembros de la sociedad que generan toda la riqueza”.24

Afroestadounidenses que anteriormente fueron esclavizados celebran la Proclamación de Emancipación en Virginia. Crédito: Amand Jacob, Le Journal Illustré, 1865.
Esta perspectiva es esencial para la estrategia del movimiento agrícola hoy en día. Para usar una metáfora ajena, no es suficiente jugar dentro de las reglas del ‘juego’ capitalista racista: lograr la justicia duradera nos exigirá que cambiemos el juego en sí mismo.25 Esto es exactamente lo que los movimientos hicieron durante los períodos de la Reconstrucción, el Nuevo Trato y los Derechos Civiles (o la “Segunda Reconstrucción”).26 Le debemos muchos de los derechos y bienes públicos que tenemos hoy en día a sus esfuerzos, logrados con mucho esfuerzo enfrentando una oposición feroz. Aún así, la misma respuesta reaccionaria que paró sus victorias en épocas anteriores, ahora ha capturado mucho del gobierno federal y muchos gobiernos a nivel estatal, y están trabajando para retroceder derechos básicos hasta llegar a niveles solo vistos antes de la Guerra Civil.27
Hoy en día, nuestros movimientos deben darle continuidad a las ‘revoluciones no terminadas’ de nuestros ancestros, articulando nuestras propias exigencias de libertad personalizadas a nuestras condiciones actuales.28 Necesitamos una Tercera Reconstrucción que fortalezca los logros pasados y que también vaya más allá, deshaciendo leyes e instituciones opresivas que han emergido en nuestra propia época. El camino a una Tercera Reconstrucción es desalentador, pero está al alcance. Los movimientos anteriores superaron el ritmo lento de las reformas no solo porque fueron visionarios o valientes, pero también porque actuaron de forma grande, organizada y estratégica, tomando ventaja de las oportunidades que les daba la historia. Nuestros movimientos hoy en día no están en ese punto todavía, pero este momento de muchas crisis presenta una oportunidad única para crecer en cada una de esas maneras.
Creemos que los agricultores tienen una función esencial para desempeñar en este trabajo. La próxima fase de nuestra larga lucha por la libertad y la dignidad propone cuestiones que la mayoría de la gente, incluidos muchos agricultores, ni siquiera han empezado a considerar. Los agricultores necesitan desarrollar una visión de la reconstrucción en la agricultura y conectar nuestras luchas a las de nuestros aliados en el movimiento más general. En este momento, a medida que comunidades por todo el país son testigos de la brutalidad de la ejecución de leyes migratorias, muchas personas estarán dispuestas por primera vez a abolir el complejo de vigilancia fronteriza, que es la clave de la opresión de los trabajadores agrícolas.29 Pero para abolirla de una manera significativa y duradera, necesitamos un esfuerzo amplio para abordar el racismo y la precariedad económica que convierte a los inmigrantes en chivos expiatorios resultando en un teatro político muy efectivo, e impulsa el auge de las figuras como Donald Trump. Necesitamos abordar el hecho de que las corporaciones (especialmente la agricultura industrial) que literalmente invirtieron en la frontera como una herramienta para la represión de los trabajadores y la explotación imperialista. Y además de la justicia laboral, necesitamos reunir a personas dentro de una visión de soberanía alimentaria: necesitamos un programa para reemplazar la agricultura industrial con la agroecología, y necesitamos rehacer nuestra relación con la tierra en sí.30 Este trabajo requiere centrar no solo la lucha por la libertad Negra, sino también los movimientos Indígenas y de campesinos; requerirá solidaridad con los inmigrantes en los EE. UU. y con personas por todo el Sur Global.

Campesinos indígenas del Sindicato Bharatiya Kisan bloquean una carretera en 2021 para protestar contra las políticas gubernamentales que perjudican a los campesinos. Crédito: Randeep Maddoke, Wikimedia Commons, CC-BY-SA 4.0.
Estas metas se pueden sentir formidables comparadas con el estado débil de los movimientos agrícolas en los EE. UU., pero por eso es que necesitamos expandir nuestro marco y crecer nuestras coaliciones. Los políticos y los burócratas no nos salvarán; no hay una propuesta de reforma para responder a la escala de los problemas que enfrentamos. Es nuestra responsabilidad, junto a nuestros aliados campesinos agricultores por todo el mundo, incorporar gente a una visión de justicia sobre la tierra; y trabajar hacia esa meta con todas nuestras fuerzas.
Daniel Martinez HoSang, A Wider Type of Freedom: How Struggles for Racial Justice Liberate Everyone [Un tipo de libertad más amplia: cómo las luchas a favor de la justicia racial liberan a todas las personas]; Aziz Rana, The Two Faces of American Freedom [Las dos caras de la libertad estadounidense]; Robin D. G. Kelley, Freedom Dreams [Sueños de la libertad]; Eric Foner, The Story of American Freedom [La historia de la libertad estadounidense]. ↩︎
Roxanne Dunbar-Ortiz, An Indigenous Peoples’ History of the United States [Una historia de Estados Unidos por parte de los pueblos indígenas]. ↩︎
Edward Baptist, The Half Has Never Been Told: Slavery and the Making of American Capitalism [La mitad que nunca se ha contado: la esclavitud y el origen del capitalismo estadounidense]; Manning Marable, How Capitalism Underdeveloped Black America [Cómo el capitalismo subdesarrolló a los Estados Unidos negros]. ↩︎
Justin Akers Chacón y Mike Davis, Nadie es ilegal: la lucha contra el racismo y la violencia de estado en la frontera entre méxico y estados unidos; Don Mitchell, The Lie of the Land [La mentira de la tierra: los trabajadores migrantes y los paisajes de California], They Saved the Crops: Labor, Landscape, and the Struggle over Industrial Farming in Bracero-Era California [Salvaron los cultivos: el trabajo, el paisaje y la lucha de la agricultura industrial en California durante la era de los Braceros], and “The Geography of Injustice: Borders and the Continuing Immiseration of California Agricultural Labor in Era of ‘Free Trade’” [La geografía de la injusticia: las fronteras y el empobrecimiento continuo de la fuerza laboral de la agricultura en California durante la era del ‘Comercio libre’]; Cindy Hahamovitch, The Fruits of Their Labor: Atlantic Coast Farmworkers and the Making of Migrant Poverty, 1870-1945 [Los frutos de su trabajo: los trabajadores agrícolas de la costa Atlántica y la creación de la pobreza migrante, 1870-1945]. ↩︎
Tal como contó WEB Du Bois famosamente en Black Reconstruction in America [La reconstrucción negra en los Estados Unidos]: “Se debe recordar que el grupo blanco de trabajadores (en el sur), mientras que recibían un sueldo bajo, fueron compensados en parte con un salario casi público y psicológico. Se les daba amabilidad pública y títulos de cortesía porque eran blancos. Eran admitidos libremente junto a toda clase de gente blanca a funciones públicas, parques públicos y las mejores escuelas. La policía era escogida de sus miembros, y las cortes, dependientes de sus votos, los trataban con tanta clemencia a punto de fomentar la anarquía. Su voto seleccionaba oficiales públicos, y mientras que esto tenía un efecto pequeño sobre la situación económica, tuvo un gran efecto sobre su tratamiento personal y la amabilidad que se les mostraba. Las escuelas blancas eran las mejores en la comunidad, ubicadas visiblemente, y costaban desde dos veces hasta diez veces más por persona que las escuelas negras. Los periódicos se especializaban en noticias que adulaban a las personas blancas pobres y casi totalmente ignoraban a la persona Negra excepto para los crímenes y las burlas” (pp. 700-701). ↩︎
Baptist, The Half Has Never Been Told; Sven Beckert, Empire of Cotton [El imperio del algodón]; Sven Beckert y Seth Rockman, Slavery’s Capitalism [Capitalismo de la esclavitud]; Charles Post, The American Road to Capitalism [El camino estadounidense hacia el capitalismo]; Richard Walker, The Conquest of Bread: 150 Years of Agribusiness in California [La conquista del pan: 150 años del negocio de la agricultura en California]. ↩︎
Raj Patel y Jason W. Moore, A History of the World in Seven Cheap Things [Una historia del mundo en siete cosas baratas]. ↩︎
King, “A Testament of Hope” [Un testimonio de esperanza], en A Testament of Hope: The Essential Writings of Martin Luther King, Jr. [Un testimonio de esperanza: los escritos esenciales de Martin Luther King, Jr.], p. 315. ↩︎
Heather McGhee, The Sum of Us: What Racism Costs Everyone and How We Can Prosper Together [La suma de nosotros: lo que el racismo le cuesta a todos y cómo podemos prosperar juntos]; Selena Simmons-Duffin, “‘Live Free and Die’? The Sad State of U.S. Life Expectancy” [¿’Vive libre y muere’? El triste estado de la expectativa de vida en los Estados Unidos]. ↩︎
Marable, How Capitalism Underdeveloped Black America [Cómo el capitalismo subdesarrolló los Estados Unidos negros]. ↩︎
Kaitlyn Henderson, Donde el trabajo duro no da resultado: un índice de las políticas laborales de ee. uu. comparadas con las de naciones comparables; Rebecca Dixon, From Excluded to Essential: Tracing the Racist Exclusion of Farmworkers, Domestic Workers, and Tipped Workers from the Fair Labor Standards Act [De ser excluidos a ser esenciales: rastreando la exclusión racista de los trabajadores agrícolas, las trabajadoras de hogar, y los trabajadores que ganan propinas de la Ley de normas de trabajo justas]. Sobre la ley ‘at-will’ [a voluntad] como una reacción a la emancipación de la esclavitud, ver Lea VanderVelde, “The Anti-Republican Origins of the At-Will Doctrine” [Los orígenes anti-republicanos de la doctrina a voluntad]. También ver Elizabeth Anderson, Private Government: How Employers Rule Our Lives (and Why We Don’t Talk About It) [El gobierno privado: cómo los empleadores controlan nuestras vidas (y por qué no hablamos de esto)]. ↩︎
Angela Davis, Are Prisons Obsolete? [¿Las prisiones están obsoletas?]; Prison Policy Initiative, “World Incarceration Rates If Every U.S. State Were A Country” [Tasas de encarcelamiento mundiales si cada estado de los EE. UU. fuera un país]. ↩︎
Akers Chacón y Davis, Nadie es ilegal. ↩︎
Fred Magdoff et al., Hungry for Profit: The Agribusiness Threat to Farmers, Food, and the Environment [Hambre de ganancias: la amenaza del negocio de la agricultura para los agricultores, la comida y el medio ambiente]. ↩︎
Dãnia Davy et al., “Black Agrarianism: Resistance” [El agrarismo negro: la resistencia]; David Bacon, In the Fields of the North/En los campos del norte; Gabriel Thompson, Chasing the Harvest: Migrant Workers in California Agriculture [Perseguir la cosecha: los trabajadores migrantes en la agricultura de California]. ↩︎
Los cultivadores industriales en California desempeñaron un papel importante para darle continuidad al patrón sureño de reservar el trabajo agrícola para los trabajadores de color, al construir el trabajo agrícola como apropiado para migrantes pobres del Sur Global. Tal como lo describe Don Mitchell: “El declive del trabajo chino después de 1882 pusieron a los agricultores de California en un dilema. Sin labor barata y manejable, sus granjas no podían ser rentables en mercados lejanos… Los agricultores finalmente acudieron a trabajadores japoneses, filipinos, indios asiáticos y, como hemos visto, hombres blancos, familias, mujeres, niños, hispanos, mexicanos y cualquier otro pedazo de poder laboral incorporado que podían alcanzar, adaptando sus teorías de inferioridad natural a lo largo del camino para que concordara con los datos específicos del grupo en cuestión. El racismo entonces se cruzó de forma compleja con las exigencias de un sistema agrícola despiadado que… absolutamente exigía enormes cantidades de trabajadores marginados” (The Lie of the Land [La mentira de la tierra], pp. 92-3). Su colaboración de la época de la Segunda Guerra Mundial con los gobiernos estatales y federales para establecer el programa de trabajadores huéspedes Bracero fue “decisivo en cementar una forma industrial de agricultura a gran escala dependiente en procesos de trabajo altamente explotadores”, un complejo agrícola específicamente basado en acceso inmediato a trabajadores de México que podían ser deportados a voluntad (Mitchell, They Saved the Crops [Salvaron los cultivos], p. 6). ↩︎
George Fitzhugh, citado en Henry Nash Smith, Virgin Land: the American West as Symbol and Myth [Tierra virgen; el oeste estadounidense como un símbolo y mito], p. 144. Esa “dependencia” de la “sociedad libre” en los trabajadores no libres es por supuesto la razón por la cual los trabajadores agrícolas y de alimentos ganaron la etiqueta de “esenciales” durante la pandemia; ver Caroline Keegan, “Essential agriculture, sacrificial labor, and the COVID-19 pandemic in the US South” [La agricultura esencial, la mano de obra sacrificada y la pandemia de COVID-19 en el sur de los Estados Unidos]. ↩︎
Daniel Costa, “The Farmworker Wage Gap” [La brecha salarial de los trabajadores agrícolas: los trabajadores agrícolas obtuvieron 40% menos que los trabajadores no agrícolas comparables en el 2022]; American Public Health Association, Improving Working Conditions for U.S. Farmworkers and Food Production Workers [Mejorar las condiciones laborales para los trabajadores agrícolas y de producción de alimentos estadounidenses]. La mayoría del empleo agrícola también está muy sujeto a las temporadas e implica desempleo regular: “En el auge de la temporada del 2000, las granjas [en California] emplearon a 509,000 personas, lo que solo representa entre el 50% y el 60% de los trabajadores agrícolas residentes del estado. Un excedente tan enorme de labor definitivamente implica una desvalorización constante” (Don Mitchell, “The Geography of Injustice: Borders and the Continuing Immiseration of California Agricultural Labor in Era of ‘Free Trade’” [La geografía de la injusticia: las fronteras y el empobrecimiento continuo de la fuerza laboral de la agricultura en California durante la era del ‘Comercio libre’], p. 165. ↩︎
Hungry for Profit [Hambre de ganancias]; Ritchie y Ristau, Crisis by Design: A Brief Review of US Farm Policy [Crisis provocada intencionadamente: Breve repaso de la política agrícola estadounidense]. ↩︎
Tracy Watson y Brad Wilson, “Two Hidden Histories of Rural Racial Solidarity Movements” [Dos historias escondidas de los movimientos rurales de solidaridad racial]; Donald Grubbs, Cry from the Cotton: The Southern Tenant Farmers’ Union and the New Deal [Grito del algodón: el sindicato de agricultores arrendatarios sureños y el Nuevo Trato]; Mike Davis, Prisoners of the American Dream: Politics and Economy in the History of the US Working Class [Prisioneros del sueño estadounidense: la política y la economía en la historia de la clase obrera de los EE. UU.]; Philip Foner, Organized Labor and the Black Worker [Los trabajadores organizados y el trabajador negro], 1619-1981. ↩︎
Daniel Martinez HoSang, A Wider Type of Freedom [Un tipo de libertad más amplia]. ↩︎
Manning Marable, Race, Reform, and Rebellion: The Second Reconstruction in Black America [La raza, la reforma y el rebelión: la segunda reconstrucción en los Estados Unidos negros], 1945-1990, p. 229. ↩︎
King, “A Testament of Hope,” [Un testimonio de esperanza] p. 315. ↩︎
Marable, Race, Reform, and Rebellion [La raza, la reforma y la rebelión], p. 228. Aquí ‘la economía política’ se refiere a la economía como un ámbito no solo de intercambios sino también de política. ↩︎
Erik Olin Wright frecuentemente usaba esta metáfora de juegos para describir diferentes maneras de pensar sobre el cambio social, incluso en su libro How to Be an Anti-Capitalist in the 21st Century [Cómo ser un anticapitalista en el siglo XXI]. ↩︎
Du Bois, Black Reconstruction [La reconstrucción negra]; Marable, Race, Reform, and Rebellion [La raza, la reforma y el rebelión]; Sabeel Rahman, “The Case for a Third Reconstruction” [El caso a favor de una tercera reconstrucción]. ↩︎
Joseph Lowndes, From the New Deal to the New Right: Race and the Southern Origins of Modern Conservatism [Del Nuevo Trato a la nueva derecha: la raza y los orígenes sureños del conservadurismo moderno]; James Goodwin, “Inside Project 2025” [Dentro del Proyecto 2025]. ↩︎
Eric Foner subtituló su historia canónica de la Reconstrucción “America’s Unfinished Revolution” [La revolución sin terminar de Estados Unidos]. ↩︎
“La frontera, como existe ahora: una cerca fortificada y con presencia pesada policial que empuja a los inmigrantes a los desiertos y las montañas, y que desempeña una función tan importante en reducir los salarios y debilitar el poder de los trabajadores en los EE. UU., es la representación geográfica exacta de la importancia de la diferencia geográfica al desarrollo continuo capitalista bajo el régimen del libre comercio. La frontera cosifica la diferencia y la hace disponible como un aporte a las ganancias. Ayuda a reproducir las mismas diferencias que están llevando a tantos inmigrantes hacia el norte y al otro lado de la frontera. Para perjudicar la frontera, para abrirla al movimiento libre de los trabajadores, para permitirle a los trabajadores las mismas libertades y derechos que ahora se le da al capital, simultáneamente perjudicaría la producción estadounidense” (Don Mitchell, “The Geography of Injustice” [La geografía de la injusticia], p. 161). ↩︎
La Via Campesina, “1996 : Declaración de Roma de La Vía Campesina que define por primera vez la Soberanía Alimentaria”; 3er Foro Mundial Nyéléni, La Declaración de Kandy. ↩︎