El propósito de este trabajo es lograr la liberación, no garantizar la longevidad de la organización... Cuando se trata de fortalecer a los movimientos sociales, las organizaciones son solo tan buenas como los frentes unidos a los que les dan vida.

Vanya Goldberg, coordinadora de divulgación del AJP en California, ofrece una presentación sobre la Certificación de Justicia Alimentaria, 2014.
En el 2026, después de casi 30 años de trabajo como coalición, el Proyecto de Justicia Agrícola cierra sus operaciones y archiva nuestro trabajo. Tomamos esta difícil decisión porque no vemos un camino claro hacia adelante en medio de un colapso casi total del financiamiento. Damos este paso con mucho pesar: aunque sentimos que nuestros programas y estrategias necesitan una renovación, no obstante, creemos que nuestro proyecto fundamental de construir solidaridad y el poder de la gente es más importante que nunca. Nunca ha habido un tiempo en que los agricultores, y especialmente los trabajadores agrícolas, hayan necesitado tanto tener nuevos aliados comprometidos con la defensa de su dignidad y humanidad.
Llegamos a esta decisión a través de un proceso extenso. Primero consideramos cerrar las puertas en 2024 cuando varios desafíos organizacionales se juntaron al mismo tiempo, pero nuestros colaboradores del movimiento nos estimularon a que intentáramos encontrar el camino hacia adelante. Con algo de motivación, convocamos un comité de evaluación de toda nuestra red para supervisar un proceso de alcance comunitario y planificación estratégica, y este comité recopiló ideas y reflexiones a partir de entrevistas con más de 50 colaboradores: algunos aliados de hace mucho tiempo, otros nuevos amigos. Con apoyo de un organizador y facilitador experimentado, este comité y la junta de la AJP consideraron una gama de ideas que surgieron a través de este proceso. Aunque cada propuesta era prometedora y hablaba de maneras diferentes sobre las necesidades y brechas en el ecosistema del movimiento, al final nos hacían falta dos ingredientes clave: el dinero y las personas para desarrollar el programa. Consideramos reconfigurar nuestra organización regresando a un patrocinador fiscal o delegando partes de nuestro trabajo a aliados interesados; estas siguen siendo posibilidades, pero por el momento no tenemos opciones viables. Por ahora, esperamos que otras personas, incluyendo a algunos de los miembros actuales de nuestra coalición, tomen partes de este trabajo y lo sigan promoviendo de nuevas maneras. Con ese fin, este récord y reflexión sobre el trabajo del AJP tiene la intención de ser un recurso para aquellas personas que comparten nuestros objetivos y nuestros valores. Lo compartimos con la esperanza de que otras personas puedan aprender de nuestros compromisos, nuestros éxitos, nuestros desafíos y nuestros errores.
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El AJP surgió del punto de encuentro de importantes movimientos —por los derechos y la dignidad de los trabajadores agrícolas, por los medios de vida agrícolas, por la agricultura ecológica y por el comercio justo— que en la década de 1990 buscaban nuevas formas de promover sus causas ante el retroceso de los movimientos, la consolidación de las corporaciones y la negligencia del Estado. Nuestros fundadores se reunieron específicamente para ofrecer una visión alternativa y holística para la agricultura, con un énfasis en la responsabilidad ante los agricultores y especialmente los trabajadores agrícolas, después de que el Programa Orgánico Nacional excluyera, de manera decepcionante, todas las cuestiones sociales y de equidad. El AJP se dispuso a crear nuestra propia certificación suplementaria y pasó años reuniéndose con trabajadores, agricultores y defensores para codificar sus visiones y convertirlas en un conjunto de estándares que podían ser implementados en las granjas en funcionamiento, negocios de comida, tiendas minoristas y marcas.
Hubo momentos emocionantes según trabajamos para desarrollar esta certificación, como cuando los agricultores aliados conectaron con las organizaciones de trabajadores y los defensores para demostrar que otro tipo de agricultura era posible; o cuando las grandes recolectas de alimentos y los movimientos agrícolas aplaudieron por la justicia y la solidaridad; o cuando los trabajadores agrícolas les respondieron a las grandes marcas de alimentos; o cuando los trabajadores y los grupos liderados por agricultores exigieron responsabilidad de parte de las certificaciones grandes de comercio justo, que se mostraban demasiado flexibles con las corporaciones. Durante los primeros años con frecuencia parecía que teníamos un impulso genuino de apoyo a nuestro proyecto, y muchos de nosotros experimentamos mucha alegría al trabajar juntos por encima de las divisiones usuales y al construir una red nacional de colaboradores. Nuestros procesos de base resultaron en estándares que eran prácticos pero rigurosos y que enfrentaban los tabús principales como por ejemplo la negociación colectiva y la negociación de los salarios y los precios. Teníamos como objetivo nivelar las intensas asimetrías de poder en los alimentos y la agricultura las cuales dañan a los trabajadores y a los agricultores de igual manera.

Encuentro nacional de trabajadores agrícolas por el Comercio Justo Nacional, 2007.
Tuvimos que contemplar profundamente las contradicciones de la certificación como estrategia. Nuestro improvisado grupo de novatos carecía de las habilidades promocionales y el sentido comercial que realmente necesita una estrategia basada en el mercado como lo es la certificación. Las granjas y los negocios alimentarios estaban reacios a tomar la certificación, muchos porque no querían o no podían acomodar estándares clave, otros porque no veían ningún beneficio en la certificación. De la manera tal y como la abordamos, la certificación dependía de que los empleadores y los propietarios de negocios se comprometieran voluntariamente a adoptar prácticas poco comunes con pocas razones para esperar alguna recompensa. En el súper competitivo mundo de los alimentos y la agricultura, y sin movimientos fuertes que respaldaran la iniciativa, esta estrategia tuvo dificultades para avanzar. Como señalaron a lo largo del proceso académicos como Julie Guthman, Christy Getz y Sandy Brown, la certificación siempre iba a ser un poco inadecuada para nuestros ambiciosos objetivos.
Es cierto que, nuestra relación con la estrategia de certificación fue más instrumental que la mayoría. No esperábamos tener un éxito arrollador, sino que aprovechamos nuestra posición para intentar que las certificaciones más destacadas cumplieran con unos estándares más elevados; al final, demostramos que es posible que las granjas y los negocios alimentarios adopten prácticas justas y rigurosas. Nuestros programas en dificultades ayudaron a demostrar la naturaleza estructural de la injusticia en la agricultura y las contradicciones y debilidades de utilizar estrategias basadas en el mercado en contra de esa injusticia. Si hubiésemos tenido mayor capacidad, difundiríamos esas lecciones de forma mucho más clara y amplia de lo que lo hemos hecho hasta ahora.
Estamos dispuestos a aceptar que la AJP, como ha sido hasta ahora, ya cumplió su ciclo. De hecho, mucho ha cambiado desde el momento en que, en la década de 1990, los fundadores Nelson Carrasquillo, Richard Mandelbaum, Michael Sligh, Elizabeth Henderson, Marty Mesh y Óscar Mendieta Chavez comenzaron a trabajar juntos en lo que se convertiría en esta organización. En ese momento, el capitalismo neoliberal estaba en ascenso, proclamando el final de la historia y la política, sacando provecho de las energías del movimiento, dando marcha atrás a derechos y libertades, y desplegando nuevas formas de gobernanza basadas en el mercado. Las nuevas olas de globalización y acuerdos de libre comercio tales como NAFTA devastaron los medios de vida de muchas personas en los Estados Unidos y el Sur Global, provocando nuevas oleadas de inmigrantes que fueron tratados cada vez más como delincuentes por el gobierno. En este período de debilidad del movimiento, la certificación parecía una estrategia prometedora para enlistar al público a solidarizarse con los trabajadores y los agricultores, primero como clientes y luego como aliados.
Treinta años después, muchos planes similares de “vota con tu dinero” también se han llevado a cabo con un éxito limitado. La crisis financiera de 2008 reveló la falsedad de la economía neoliberal para muchas personas, y las movilizaciones populares ayudaron a politizar a las nuevas generaciones y estimular nuevas formaciones más ambiciosas, como Las Vidas Negras Importan [Black Lives Matter], los movimientos juveniles por la justicia climática y la justicia migratoria, y el auge socialista que coincidió con las campañas presidenciales de Bernie Sanders. En 2025, enfrentamos un movimiento derechista y autoritario, con un desdén explícito por la democracia y los derechos humanos, que ha capturado las tres ramas del gobierno de EE. UU.; y el consenso neoliberal de élite parece estar dando paso a estrategias de gobierno ‘capitalistas estatales’ para luchar contra los rivales geopolíticos.1 Estas son condiciones muy diferentes de cuando comenzó el AJP, lo que presenta un amplio abanico de amenazas que van en aumento; así como también lo son las oportunidades.
Nosotros y muchos de nuestros aliados creemos que el AJP tiene algo que ofrecer en estos tiempos. Nuestra certificación no tuvo éxito como una marca, aunque hubo una pequeña, pero constante demanda de parte de los agricultores y trabajadores agrícolas para obtener nuestros recursos sobre cómo implementar prácticas justas. Hay una necesidad grande y perdurable de que se promuevan y defiendan políticas que concilien las necesidades tanto de los trabajadores agrícolas como de los agricultores, haciendo especial hincapié en la justicia para los trabajadores y agricultores marginados, sin ceder ante las afirmaciones deshonestas y despiadadas de los agricultores más ruidosos y comerciales. También hay una gran necesidad de que nuestros movimientos construyamos nuestras propias instituciones políticas que puedan educar y desarrollar a nuestra gente como líderes y organizadores del movimiento, en vez de que sean simplemente emprendedores, administradores o profesionales de políticas. Como han enfatizado nuestros colaboradores, nuestros movimientos necesitan visiones holísticas, prácticas y ambiciosas de una agricultura que eleve los derechos humanos y la dignidad, así como también la ecología. Creemos que el AJP hizo contribuciones modestas en cada uno de esos puntos, y tenemos la esperanza de que alguna combinación de las formaciones de aliados nuevas y existentes puedan continuar esos esfuerzos y llevarlos mucho, mucho más lejos de lo que nosotros llegamos.

Una inspectora de Líderes Campesinas recibe capacitación con el AJP en Swanton Berry Farm, 2013.
Aunque esta iteración del AJP llega a su fin, utilizamos los últimos dos capítulos en este informe para reflexionar sobre las tareas venideras que vemos para nuestros movimientos. Creemos que los movimientos efectivos deben estar arraigados en la historia y tener visión de futuro. Los movimientos alimentarios necesitan comprender la historia de la agricultura de EE. UU. como una de capitalismo racial, imperialismo y colonialismo de asentamiento, aun cuando intentamos salvar las mejores partes de esa historia conflictiva: resistencia de largo sufrimiento a la dominación y a la supremacía blanca; visiones de liberación en el territorio; experimentos audaces de democracia radical, cooperación y comunidad socialista; y solidaridad entre razas y fronteras y todo lo demás que nos divide. Este arraigamiento es aún más urgente en un momento en que las peores partes de la historia de EE. UU. son celebradas por un movimiento neofascista con control sobre el gobierno federal. La resistencia efectiva nos exigirá que sepamos tanto por lo que estamos luchando como contra qué estamos luchando. En este artículo argumentamos que nuestros movimientos deben unirse en torno a dos objetivos a corto plazo: lograr una política migratoria centrada en las personas y acabar con el régimen actual que aterroriza a las comunidades en todas partes; y des-mercantilizar los alimentos y la tierra, liberándonos del control corporativo sobre nuestra capacidad para satisfacer las necesidades humanas básicas.
También debemos tener una comprensión clara de nuestros movimientos en sí mismos, los cuales actualmente son débiles y despolitizados a pesar de una prometedora recuperación tras décadas de represión y derrota. Los organizadores veteranos señalan cuántas de las estrategias recientes de nuestros movimientos han descuidado la labor fundamental de organizar grandes números de personas para generar poder y alcanzar objetivos ambiciosos. En este informe tratamos de discernir cómo los esfuerzos de certificación del AJP se relacionan a esa narrativa. Aquellos de nosotros que creemos que la liberación nos está llamando, debemos reconocer cómo nuestros audaces movimientos del pasado se han convertido en los débiles movimientos del presente; debemos recuperar lo que nos fue arrebatado, superar los malos hábitos, reparar las divisiones entre posibles aliados y desarrollar nuestra capacidad para actuar estratégicamente. Tenemos que atraer a muchas, muchas más personas al movimiento. En 2025, necesitamos urgentemente hacer nuestra parte en un frente amplio que evite que la derecha autoritaria consolide su poder y, en las palabras de Ash-Lee Woodard Henderson, convertir nuestros objetivos de 10 años en objetivos de 50 años. Nosotros en el AJP no somos expertos en trabajo organizativo o en formaciones de grandes frentes unidos, pero creemos que nuestra experiencia en la práctica de la solidaridad puede informar cómo podemos construir un movimiento más grande y efectivo para lograr la justicia en el territorio.

La junta directiva y el Consejo Asesor del AJP se reunieron en California en 2010.
Sobre ‘nosotros’#
Este informe utiliza la palabra ‘nosotros’ de múltiples maneras. En las discusiones pasadas y presentes del AJP, ‘nosotros’ usualmente se refiere al AJP como actor colectivo: fundadores, personal, la junta y nuestros colaboradores más cercanos. Pero también estamos narrando las historias de la coalición en escalas múltiples, reflexionando sobre el pasado y soñando sobre el futuro; así que el ‘nosotros’ más grande se vuelve complicado.
Cuando este informe discute el panorama más amplio o posibles formaciones futuras después del cierre pendiente, el ‘nosotros’ significa ‘nuestros movimientos’. Esta es una frase resbalosa y de aspiración. Los movimientos sociales no tienen límites claros, y las organizaciones tienen relaciones complejas con los movimientos de los cuales son parte. Cuando hablamos como ‘nosotros’ esto implica un nivel de unidad e identidad compartida que no existe usualmente en la práctica, y algunas de las personas a las que estamos llamando pueden que todavía no se vean a sí mismas como parte de un movimiento. Este informe no pretende definir ‘nuestros movimientos’ de una manera demasiado estricta, por lo que la frase es nuestra forma de reconocer que el AJP forma parte de un colectivo mucho más amplio que nuestra propia organización o red, en donde muchos de nosotros compartimos ciertos valores básicos (derechos humanos, trabajo digno y armonía con el mundo natural) y perseguimos esos valores a través de algún tipo de trabajo relacionado con el sistema alimentario.
Decimos ‘movimientos’ en vez de un simple movimiento porque la coalición del AJP abarca diferentes grupos: no solo el ‘movimiento de los trabajadores agrícolas’, el ‘movimiento orgánico’ o el amplio ‘movimiento alimentario’, ni solo las divisiones raciales o la brecha de clase entre los trabajadores agrícolas y los propietarios y empleadores de las explotaciones agrícolas, sino también diferentes tendencias políticas, nacionalidades y etnias, regiones, culturas, y mucho más. Hemos sido divididos de muchas maneras. Cuando el informe habla de ‘nuestros movimientos’, estamos haciendo un llamado a los aliados para que trabajen con el objetivo de la unidad y la fortaleza: para estimular a las personas que aman la justicia a formar un movimiento liberador que gane un trato justo para todos los trabajadores de la tierra. El AJP también quiere persuadirle a usted de que este objetivo de un ‘trato justo’ debe implicar la agroecología y una reconstrucción de nuestro sistema político.
Esta aspiración es un presagio de uno de nuestros llamados a la acción al final de este informe: siguiendo la sabiduría del movimiento en torno a la estrategia y el trabajo organizativo, nosotros (el AJP) creemos que nuestros movimientos necesitan volverse mucho más rigurosos acerca de nuestro ‘nosotros’: nombrar quiénes somos y con quienes estamos; en contra de quiénes estamos; a quiénes queremos ganarnos; ante quiénes somos responsables; qué queremos, y dada la urgencia de este momento, qué estamos dispuestos a sacrificar para poder ganar. Nuestros movimientos pueden y deben desarrollar claridad acerca de todas estas preguntas; una claridad que no logramos en el AJP, y debemos calibrar nuestras respuestas a las necesidades del momento y a la visión de largo plazo.
Creemos que la amenaza presente del autoritarismo, combinada con la relativa debilidad y desorganización de nuestros movimientos, significa que necesitamos una formación mucho más grande que pueda por lo menos bloquear los avances del autoritarismo a corto plazo. Los movimientos que históricamente han luchado contra el autoritarismo han hecho avances importantes al adoptar esta estrategia de un ‘frente unido’. Ese frente más grande y más suelto necesita el liderazgo visionario que nuestros movimientos que aman la justicia pueden proveer porque las instituciones de la élite liberal desde hace mucho han perdido la credibilidad, una razón clave por la cual los populistas autoritarios también han podido aumentar su poder en primer lugar. Si nuestros movimientos demuestran liderazgo en un frente más amplio y unido, creemos que podemos salir al otro lado con muchas más personas preparadas para luchar por un mundo nuevo y mejor, en las ciudades, en la tierra, y en todas partes.
Ya se están llevando a cabo múltiples esfuerzos de frente unido como respuesta a las condiciones políticas actuales, pero la forma que adoptará ese gran ‘nosotros’ todavía está por determinarse. Nuestros movimientos deben definir el papel que desempeñarán los agricultores en esos esfuerzos. Nosotros, los autores, no podemos hablar por todas las personas, pero vamos a agitar por un ‘nosotros’ más grande que bloquee a nuestros enemigos y lleve a nuestra gente de manera segura hacia el siguiente período, cuando podamos posicionarnos de mejor manera para convertir nuestras visiones en realidad.
Ilias Alami et al., “The New Frontline: The US-China Battle for Control of Global Networks” [La nueva línea frontal: la batalla entre Estados Unidos y China por el control de las redes globales]. ↩︎